Huellas de Soria

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Un año más, Quintanas Rubias de Arriba

El día era magnífico. Durante el viaje hasta llegar a Quintanas Rubias de Arriba, Jesús y yo nos fuimos maravillando con los campos de amapolas que crecían, en especial, en los barbechos y en las cunetas. Un campo de alcachofas crecía muy cerca del río, el Duero nos fue acompañando desde San Esteban de Gormaz. También nos acompañaban las bodeguillas subterráneas, esos edificios de forma piramidal construidas con piedras y que al abrir la puerta y descender las escaleras excavadas en el propio terreno, parece transportar a otro mundo. Quintanas tiene, además, palomares y un lagar, donde es fácil imaginar el trabajo colectivo del prensado de la uva del término, que finalmente irá a reposar en las bodeguillas subterráneas. 

Ya en Quintanas, todo estaba perfectamente organizado. Yo sé que a Alfonso Fresno no le gusta personalizar todo lo que allí acontece, tanto en la reunión anual como a lo largo del año. Se empeña en que es una labor comunitaria, pero es necesario contradecirle en parte: comunitaria sí, pero con él al frente. Allí estábamos, un año más, siguiendo sus indicaciones indiscutibles. Ellen y Carlos; Jesús Vasco; Jaime del Huerto; Ángel Jodra; César Sanz y Ana; Jesús Muñoz, Felipe; Yolanda; y llenándolo todo, Julia, la hermosa mujer madre de Alfonso y Felipe, y así hasta más de ochenta personas de las más de doscientas que conforman la Asociación Cultural “Amigos de la Villa”, donde se engloba el Huerto Poeta, ese interesante espacio donde pueden verse y leerse poemas y textos de autores de todos los ámbitos y, desde luego, sorianos.

Se iba a celebrar el día del socio y una jornada cultural, que dio comienzo a las once de la mañana con foto grupal alrededor del rollo (pues Quintanas Rubias de Arriba fue y es Villa). Desde ahí se bajó hasta la plazoleta de Cervantes, entre el moral centenario, el recinto de los poetas universales y el chopo de la empatía. Ese era el lugar elegido para dar comienzo a una sección donde estarán expuestos, de cara al visitante, que no de lomo, los últimos trabajos publicados por escritores y poetas. Como puede verse en una de las fotos, la que recoge la procesión laica, el campo por donde se llegaba a la plazoleta de Cervantes, estaba rebosante, mostrando todos los tonos del verde: verde oliva, esmeralda, selva…

Ni un solo detalle escapó a los organizadores: visita al chaparral universal donde muchos tenemos una encina a nuestro nombre, comida comunitaria con rifa y gaiteros. Y, para colofón, el recital del inefable Ángel Jodra, actor importante pero sobre todo conocido por hacer de alcalde de la serie El Pueblo, rodada en Valdelavilla. De su gran voz pudimos escuchar, además de pequeños relatos y poesías, el Padrenuestro latinoamericano de Mario Benedetti.

Si algo es necesario subrayar de este encuentro y de los anteriores, es el prodigio conseguido por, en especial, Alfonso: reunir, al menos una vez al año, a escritores y poetas, esa rara avis colectiva, difícil de conseguir entre ellos fuera de los límites de Quintanas Rubias de Arriba.