
Foto: periódico Desde Soria
Procuraré no escribir obviedades pero no puedo resistir la tentación de dejar aquí constancia de que Joaquín Alcalde es quien mejor conoce la Soria de la segunda mitad del siglo XX. Su conocimiento no le llega a través de documentos de archivo, algo sí de la prensa escrita en la que él fue uno de los participantes, le llega ese conocimiento de sus vivencias, de prestar oídos, de sus largos años de trabajo en el entonces Gobierno Civil pero, sobre todo, del amor que siente por su Soria que le ha hecho mirar con los ojos atentos, interiorizar lo visto y después, ahora, plasmarlo en este libro Soria, ayer (tres en uno: Tradiciones y leyendas, Oficios tradicionales, Cafés, bares y tabernas), que se une y complementa con sus anteriores publicaciones.
“Léase este excelso libro con alma, atención y provecho; y no olvide quien así lo haga que lo leído alcanzará mayor explicación y sentido si vuelve sobre los pasos del autor y se adentra en sus Sorias anteriores -de ayer y de hoy, biográfica y curiosa- y aún en esos Cien años de ciclismo que, para el propio autor de la obra es lo mejor que escribió. Mas, en esto, Carmen, su Carmen Sánchez Ayllón, y el prologuista que reúne estas palabras, le han de llevar la contraria, pues lo mejor de Joaquín Alcalde Rodríguez está por llegar”. Escribe Juan A. Gómez-Barrera en el prólogo.
Si el libro se lee con atención y provecho, como aconseja Gómez-Barrera, nos sorprenderá saber que en la Candelaria el Ayuntamiento ordena “…que se traigan dos vacas y se enciendan los cuernos y que haya otros regocijos”, dato que debe al investigador José Ignacio Esteban Jáuregui y que nos recuerda al Toro Jubilo de Medinaceli. O la .celebración en agosto de las religiosas clarisas en el convento de Santo Domingo, y los panecillos bendecidos que se reparten entre los asistentes. Es el Pa beneit de Catalunya, que tuve ocasión de vivir en Creixell (Tarragona). Y qué decir de la pelea entre san Saturio y san Mateo por la imagen de la virgen de la Esperanza. O la misa Pastorela o de los pajaritos, donde unos niños soplaban unos pequeñísimos botijos que imitaban el canto de los pajaritos, unas pequeñas obrillas que todavía algunos artesanos siguen fabricando y ofreciendo en los mercados medievales.
El capítulo de los oficios ofrece un mosaico que, por desconocido para la mayoría de los sorianos actuales, permite imaginar una sociedad casi perdida, aunque personajes que permanecen, más o menos adaptados, como el castañero, barrendero, barbero, zapatero remendón…, nos permita dar vida a las fotografías que acompañan, tan acertadamente, este precioso libro.
El apartado de cafés, bares y tabernas, Joaquín recorre las calles, imaginándose (supongo) donde se alzaba este o aquel establecimiento, y los describe para deleite de todos los sorianos actuales que, en este caso sí, no tienen más referencia que la Taberna Lázaro, aunque otros nombres permanecen pero sólo reconocidos por el nombre. La Taberna del Mandarria la recuerdo bien, pues fue el primer establecimiento que se visité allá por el 1979, cuando recalé por Soria. También recuerdo las barcas del Augusto. Como escribe el alcalde de Soria, Carlos Martínez en la presentación:
“Hay libros que se leen y se olvidan. Otros permanecen. Y hay una categoría muy especial que va más allá de la literatura, del relato o del ensayo: son aquellos que, sin alardes ni grandes discursos, consiguen reactivar y mantener la memoria colectiva de un pueblo. Soria, ayer, del soriano Joaquín Alcalde Rodríguez, pertenece con pleno derecho a esa categoría”.
Acompañan a Joaquín Alcalde en esta publicación el Ayuntamiento de Soria, que se ha hecho cargo de la edición; Alberto Arribas Hernández como documentalista; y Alfonso Pérez Plaza en la maquetación y diseño gráfico. De la impresión Arteprint.